¿Cómo me convertí en vampiro?
No sabría decirle con exactitud, puesto que los años me han robado la memoria. Si bien soy joven aun, ya que solo llevo 1700 años existiendo, de los cuales no todos han sido como criatura de la noche, puede decirse que soy un alma vieja y eso me cobra.
Recuerdo, vagamente, ser pequeño y ya saber que la sangre es sabrosa. Esa tinta carmesí se resbalaba por mis labios y yo entendía el manjar que significaba, y a la vez, lo mal que era ese deseo. Quizás es algo que siempre llevé conmigo.
Recuerdo también miradas de horror, no hay otra forma de describirlo. Entenderá usted lo que eso significa para un ser vulnerable como lo era yo de niño, las miradas venían seguidas de una ola de mis propios pensamientos pecadores. Matar, matar y comer. Y ver sangre.
Mis años de juventud no fueron los mejores, pero la vida como muerto es gloriosa. Hubo una cuerda y una navaja y un vacío, y entonces... Vida.
Reviví, sabrá el Olimpo como sucedió, o quizás el Dios cristiano, ya que yo no tengo idea. Tampoco busco entenderlo, así que si espera respuestas sobre mi condición, no las encontrará, no aquí al menos.
Fue hermoso, puedo decir, me sentía más vivo que nunca, si es que alguna vez lo estuve. Vi gente llorar mi muerte, gente que luego devore ya que mi sed era mayor que mi cariño. Y no lloré. No lo he vuelto a hacer desde hace muchos entonces.
Lloré la muerte de unos varios amados, pero su carne fue más satisfactoria que las lagrimas. He cedido a la perdida completa de la humanidad, la empatía abandonó mi cuerpo hace décadas, me pareció un regalo. El poco amor que me queda lo guardo para un amante misterioso y aullador, con el que nos queremos en la luna redonda y brillante, y nada más.
Notará que, dentro del misterio de estas palabras, no le he dicho como nombrarme, lo cual no me parece relevante. He vivido muchos nombres, ninguno de ellos míos realmente. Decidirme por uno solo sería limitarme a todas las identidades que puedo ser y esa idea es una que aborrezco.
Lo invito entonces a que me lea y descubra a través de mi lo maravilloso y hermosamente turbio que puede ser este mundo oscuro, putrefacto y muy, pero muy, intrigante
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