¿Puede un vampiro extrañar?
Verá y entenderá qué junto con los años vamos acumulando, como seres inmortales, una cantidad considerables de memorias. Memorias que muchas veces desearíamos perder y no lo hacemos, que se quedan en nuestra caja de los recuerdos, en nuestras tumbas. Comprenderá qué, como ser melancólico y dramático que soy, prefiero morir a recordar y, al no poder, entonces me quedo atrapado en una serie de incomprendidos pensamientos sobre lo que fue y lo que no será.
Una parte de mi anhela el recuerdo, otra se retuerce por dentro. Adivine usted cual es la más humana. Pero puedo ser amable y decirle, confesarle, que en realidad no odio mis memorias, ya que me forman, no odio todas al menos.
Podría compartirle lo mucho que duele recordar amistades, porque sí, los vampiros también formamos ese tipo de vínculos. Mencionaré velozmente una princesa de las flores y un monstruo que aún me duele. Ve como es tan diferente, un recuerdo es dulce y cariñoso, poético, el otro me taja la piel desde dentro, me hace sentir vulnerablemente niño. Y aún así, no creo renunciar a ninguno.
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